
ESPERANZA
Cuando tengo que decirte adiós,
un instante de silencio, el preludio de tu ausencia,
me dice que, tras tu partida,
volverá el tiempo de las horas largas,
y el tiempo sólo será tiempo
vacío, triste, solemne, infinito,
como el tiempo cuando sólo puede ser tiempo.
Entonces tu recuerdo llena el vacío
y adormece las agujas del reloj,
vencidas por tu implacable presencia, lentamente,
para volver, como un susurro,
al tiempo de todas las caricias, de todos los besos,
cuando el tiempo es para siempre tu tiempo
y el tiempo es camino, destino y vida.
Ahora estás frente a mí, y me miras, y sonríes,
y es como si me sonriera el mundo,
y todo se hubiera detenido en un instante,
y todos los relojes se callaran, sorprendidos,
como si por fin alguien les hubiera contado su propio secreto,
el secreto de ese tiempo que hiciste tuyo
para contener todo el mundo en un instante,
y convertir los segundos en caricias
con el mero hecho de tu existencia.
Cuando tengo que decirte adiós,
descubro que es imposible toda despedida,
y que las horas ya no pueden estar tristes
porque el tiempo ha claudicado ante tu mirada,
y en su dulce derrota ha decidido
sentarse conmigo y esperarte
en las orillas de ese futuro de dulce nombre
que ha convertido la espera en esperanza.
Fotografía: Eva Casado
Texto: Daniel Jiménez

